EditorialLa planificación contra desastres, una deuda pendiente

febrero 21, 20224 min

La dramática situación de los incendios que arrasan Corrientes volvió a exhibir las falencias en la planificación de lucha contra los desastres que periódicamente asuelan Argentina. Una de las principales está relacionada con la falta de coordinación entre las provincias y la Nación, como ya se vio en Río Negro.

 

En Corrientes se quemaron más de 800 mil hectáreas, entre ellas los esteros del Iberá, una de las zonas de mayor diversidad de la región. Las pérdidas superan los 26 mil millones de pesos y llevará años lograr una recuperación del 10% del territorio provincial afectado hasta ahora.

 

Pero no es una situación aislada. A principios de enero, el Servicio Nacional del Manejo del Fuego del Ministerio de Ambiente de la Nación estimó que, entre el 15 y el 20 de enero, con excepción de Santa Cruz, Tucumán y San Juan, todas las provincias argentinas registraron al menos un foco de incendio activo.

 

El fuego en tierras correntinas ya se cobró la vida de un bombero, como ocurre cada vez que se desmadran los desastres y se pierden vidas. En campos de Madryn murieron unos 20 bomberos en los años 90.

 

Entre las causas del fenómeno está el cambio climático con sequías extremas en muchos lugares del territorio, las prácticas de incendios intencionales como parte de la agricultura, pero también la negligencia.

 

Enfrentar estos desastres implica al menos dos vías. Primero enfrentar los incendios una vez que se iniciaron, con brigadistas, aviones hidrantes y bomberos, recursos que nunca resultan suficientes por falta de planificación.

 

Por otra parte, actuar con sanciones concretas contra los responsables de estas quemas no autorizadas o intencionales que se descontrolan y causan estragos. Pero como muchos controles, no son siempre adecuados y no se llegan a penalizar a los autores.

 

No es suficiente con que un influyente como Santi Maratea recaude más de 100 millones de pesos para ayudar a esa provincia, con una iniciativa de un particular que deja en evidencia la falta de gestión y eficacia.

 

Hace falta coordinar los esfuerzos en una planificación que, primero, prevenga los focos que generan incendios inmanejables, pero también contar son sistemas de alerta temprana. Resolver las diferencias entre las burocracias nacionales y provinciales que en sus roces generan demoras que tienen un costo socioambiental. También es crucial la idoneidad de los funcionarios de áreas específicas.

 

Es tiempo de revertir la costumbre de esperar a que la misma Naturaleza, con las lluvias, termine resolviendo nuestros problemas.