EditorialPor una vigencia plena de los Derechos Humanos, se debe reclamar su actualidad

marzo 25, 20226 min

En Santiago del Estero y en todo el país se conmemoró el Día de la Memoria en recordación del infausto 24 de marzo de 1976 cuando la Argentina se sumergía en la Dictadura Cívico-Militar más cruenta de su historia, aunque algunos años antes –en plena democracia y con el peronismo en el poder- ya se había iniciado el derrotero de la violencia estatal para combatir con medios ilegales a los movimientos insurgentes.

 

Baste recordar que ya se había dictado el decreto de “aniquilación” de la subversión por parte del gobierno de Isabel Perón, en cuya gestión se cobijó a la temible organización paraestatal Triple AAA, para destruir la resistencia a su gestión.

 

Santiago del Estero no fue ajeno a ese convulsionado proceso, aunque sin embargo no sufrió los embates de actos terroristas, pero sí comenzaron las desapariciones en pleno gobierno de Carlos Arturo Juárez, que aprovechó la represión para purgar a los referentes opositores dentro del propio Partido Justicialista, como se comprobó en los juicios de lesa humanidad.

 

Sólo su fallecimiento en 2010 lo salvó de afrontar juicios de lesa humanidad, como a su mano derecha Musa Azar y los integrantes de sus grupos de tareas que sin dificultades pasaron a ser empleados por la represión militar, tras el golpe.

 

El propio Musa Azar contaría en varios juicios que Antonio Domingo Bussi, jefe del Operativo Independencia, “le tiró varios muertos” a Juárez para comprometerlo con la represión, ya que en Santiago más allá de la interna justicialista se vivía un clima relativamente tranquilo en comparación a la guerra de guerrillas en la selva y las ciudades tucumanas.

 

Así fue que se intensificó con mayor profundidad la represión ilegal con la llegada de la Dictadura, con el secuestro y desaparición de estudiantes –sobre todo- con militancia en organizaciones políticas como Montoneros o ERP, que participaban de la lucha armada, pero también se amplió a aquellos que pudieran colaborar o tener alguna simpatía. No obstante, eso no eximió de convertirse en víctimas a personas que no tuvieran intervención alguna en esos movimientos.

 

Musa Azar se convirtió en señor de la vida y muerte de miles de santiagueños que cayeron en sus garras, con la supervisión del Ejército, y en los centros clandestinos que manejó se cometieron torturas, asesinatos y hasta abusos sexuales. Todos estos hechos quedaron confirmados en los juicios de lesa humanidad que la justicia federal lleva adelante, no sin grandes dificultades.

 

Varios represores o sus colaboradores lograron la “impunidad biológica” al evitarse rendir cuentas ante la justicia o pagar con la cárcel los crímenes que cometieron. Hay numerosos juicios que aún esperan concreción.

 

Pero más allá de la reivindicación del Nunca Más a este proceso oscuro de nuestra Historia, su conmemoración no debe petrificarse como una pieza de museo, sino que es preciso ampliar la mirada de los Derechos Humanos a la actualidad. Por los abusos policiales, las torturas, las detenciones ilegales, “gatillo fácil”, “mano dura”, crímenes y demás violencias institucionales sobre todo contra jóvenes vulnerables y que merecen igual repudio.