EspecialesGeorgias del Sur: una de las batallas menos conocidas de Malvinas, contada por un santiagueño

En esa remota isla se encendió la chispa que originó la guerra de Malvinas, cuando un grupo de obreros izó la bandera argentina. Los ingleses intentaron capturarlos, pero la armada se movilizó para impedirlo. El testimonio de un santiagueño.
abril 3, 202223 min

Por Eduardo Espeche

 

Delfor Orlando Bravo fue presidente del Centro de ExCombatientes de Malvinas y falleció en 2019, pero poco tiempo antes dejó una entrevista donde relató su participación en la recuperación de las Islas Georgias del Sur. En esas islas agrestes y heladas se desencadenó un episodio que un justificativo a los militares para ocupar la totalidad de las islas.

 

Allí, un grupo de trabajadores de la compañía chatarrera de Constantino Davidoff izaron una bandera argentina el 20 de marzo de 1982 en puerto Leith y fueron capturados por la escasa guarnición británica, mientras su diplomacia elevaba una queja.

 

Esa compañía tenía permiso para desmantelar viejas embarcaciones y restos de instalaciones de esas islas que durante mucho tiempo habían servido de base para la industria ballenera, con sus puertos Leith y Grytviken.

 

La Dictadura al mando de Fortunato Galtieri utilizó ese incidente como “casus belli” para ordenar la ocupación militar total de las islas, mientras que el Foreign Office acusaba al gobierno de facto de haber armado una operación con comandos infiltrados entre los trabajadores de Davidoff.

Los obreros de Davidoff izan la bandera argentina en Georgias (foto Serge Briez).

El 25 de marzo el capitán Alfredo Astiz desembarcó en Leith con la excusa de proteger a los obreros.

 

Entonces los británicos movilizaron al buque antártico HMS Endurance, que estaba en Malvinas, para que sacara de Georgias a los argentinos, pero al llegar se encontró con el ARA Bahía Paraíso fondeado en Leith y ambos barcos luego se persiguieron por alta mar hasta perder contacto el 31 de marzo.

 

Mientras tanto, la flota se desplegaba hacia Malvinas, para cumplir la operación Rosario, que consistía en reducir la guarnición y tomar el control.

Delfor Bravo, en un acto conmemorativo del 2 de abril (foto El Liberal).

EN ALTA MAR

Bravo fue uno de los 250 soldados de Santiago del Estero que participaron de la guerra, de los cuales 14 murieron en el conflicto. Era oriundo del departamento Figueroa, y para la época del conflicto revistaba como Batallón de Infantería Nº1, en Puerto Belgrano.

 

“Nosotros hicimos la instrucción ahí cinco meses y cuando nos avisaron que íbamos a recuperar nuestras islas Malvinas no embarcaron en una corbeta misilística y zarpamos con la flota que iba a incursionar en las islas”, recordó.

 

“Cuando estábamos en alta mar –recordó- recibimos la orden de tomar el 3 de abril las Georgias, porque el 2 se ocupaban las Malvinas”. Es decir que se cumplen 40 años de esa acción.

 

El día anterior, 2 de abril, la plaza de Mayo fue ocupada por una multitud que celebró la recuperación, en el mismo sitio donde horas antes se habían reprimido con dureza a multitudes que protestaban contra el régimen. Un Galtieri exaltado salió al balcón de Casa Rosada y vociferó: “El hidalgo pueblo argentino tiende sus manos al adversario, pero no admite discusión sobre sus derechos que paciente y prudentemente hemos tratado de reivindicar por las vías diplomáticas”.

Corbeta ARA Guerrico.

“Así fue que llegamos a las Isla de San Pedro (como se había rebautizado a las Georgias). El viaje fue muy duro porque la mayoría no estaba acostumbrada a viajar en buque y por el movimiento la mayoría tendía a descomponerse. De ahí pasamos al buque Bahía Paraíso y allá (en la isla) nos estaba esperando el capitán (Alfredo) Astiz, que se hacía cargo del grupo de tareas al que nos habían encomendado tomar las Georgias, junto con el teniente Guillermo Luna”.

 

De Puerto Leith son llevados hasta Grytviken el 2 de abril, pero la operación se pospone un día por malas condiciones meteorológicas.

 

Astiz, conocido como “El Ángel Rubio”, cargaba ya con denuncias por el secuestro y desaparición de dos religiosas francesas y una estudiante sueca, entre otras víctimas, a las que había marcado al infiltrarse como supuesto familiar en Madres de Plaza de Mayo que protestaban contra la represión ilegal.

 

“Nuestros jefes sabían que lo soldados ingleses estaban enterados de que íbamos a tomar las islas y nos esperaban para defenderlas. No pensábamos que iba a haber tanta resistencia, porque incluso antes de desembarcar nos pedían los jefes que tratáramos de causar la menor cantidad de bajas en el enemigo. Que las tomáramos lo más pacíficamente posible”, recordó.

 

Pero la guarnición inglesa se negó a rendirse y con algunos refuerzos que había dejado el Endurance abre fuego y derriba un helicóptero Puma argentino, que era utilizado para desembarcar tropas desde el Bahía Paraíso. Dos conscriptos mueren y otros cuatro resultan heridos.

Restos del helicóptero Puma derribado por marines.

“Yo era apuntador de mortero 81 –evocó- y nos desembarcan detrás de la montaña, y el jefe nuestro era un cabo principal de apellido Mendoza que nos ordenaba tirar por encima del grupo de ametralladoras que estaba en el muelle”.

 

Los británico comenzaron a disparar fuego pesado contra los argentinos que avanzaban hacia el poblado. “En ese momento la corbeta Guerrico entra a la bahía y empieza a disparar sus cañones hacia sus posiciones”, memoró Bravo.

 

En las operaciones hasta la propia Guerrico resulta con daños por el fuego inglés, al ingresar a la bahía: un misil antitanque impactó en su costado y mató a un suboficial e hirió a cinco marineros, según precisa el sitio Fundación Malvinas.

 

Los argentinos dispararon contra un hospital donde se habían atrincherado los británicos, uno de los cuales resultó herido. “Al poco tiempo comenzaron a salir con las banderas blancas en señal de rendición”, recordó con alivio Bravo.

Astiz y sus comandos en las islas Georgias (foto Serge Briez).

Las fuerza de Astiz se mantuvieron “en reserva” durante la refriega.

 

La Armada Argentina dejó un destacamento de 55 infantes de marina en las islas, junto con los 39 obreros desmanteladores de chatarra que permanecieron en Puerto Leith. Los 22 marines ingleses capturados luego fueron llevados y liberados en Uruguay, que mantenía su neutralidad.

 

Los soldados argentinos descubrieron una base científica británica excavada en la roca de la montaña que parecía una “nave espacial”, con todas las comodidades y sobre todo una enorme bodega con alimentos para meses, que no tardaron en distribuirse ya que las provisiones de la tropa era magras, lo que sería un común denominador en toda la guerra.

 

Las fuerzas argentinas desistieron de atacar la base del BAS en la isla Bird, donde permanecieron allí y en la bahía Schlieper, el glaciar Lyell y la bahía Saint Andrews, otros 15 británicos que se mantuvieron fuera del control argentino hasta la recuperación británica de las islas.

Vista aérea de las islas Georgias del Sur.

LA REVANCHA INGLESA

Pero la quietud de esos islotes cubiertos de nieve en medio del Atlántico Sur, donde la principal actividad era el estudio científico de la fauna marina, el clima y el mar, se vio alterada poco tiempo después. La Task Force desplegada desde Gran Bretaña desvió una pequeña flota hacia las Georgias, de camino a Malvinas, y se produjo el primer combate del conflicto en la denominada operación «Paraquat».

 

Esa flota había perseguido y averiado al submarino Santa Fe, cuya tripulación vivió una odisea en la nave botada en la Segunda Guerra Mundial, pero que logró llegar hasta el puerto de Grytviken.

 

“A nosotros nos atacan el 25 de abril. Ese mismo día había llegado el submarino Santa Fe, y comenzaron a desembarcar los soldados ingleses a la vuelta. Aguantamos un cañoneo naval enorme, prácticamente cuatro horas, durante el cual disparaban desde los buques hacia nuestras posiciones en la montaña. Y cada vez pegaban más cerca, porque las piedras empezaban a caer dentro de las posiciones”, contó Bravo.

Pero la recuperación no sería fácil para los ingleses, por la resistencia argentina, pese a su notoria inferioridad: eran apenas unos 55 infantes de marina contra el cuerpo de élite SAS.

 

“Cuando un helicóptero de ellos pasa, los que llegaron en el Santa Fe le lanzan un misil y vemos como lo seguía. Lo esquivaba y se perdió detrás de la montaña y escuchamos un estruendo grande y supusimos que lo había derribado, pero ellos nunca reconocieron eso. De ahí el capitán Lagos nos ordena que nos rindamos dada la superioridad numérica y de armamento de los ingleses, porque era posible que no quedemos con vida a la noche. Ya estábamos rodeados. Y así fue nos rendimos cerca de las 17.30 o 18”.

 

Astiz se negó a rendirse en un primer momento, pero luego firmó el acta, en una foto que fue utilizada como propaganda triunfalista por Inglaterra. En Argentina, la revista Gente afirmaba que se había retirado al interior de la isla para continuar la resistencia, lo cual era absolutamente falso, como muchas informaciones propaladas por el régimen.

El submarino Santa Fe quedó averiado en la entrada a Grytviken. Años después fue extraído y hundido en el mar.

UN LARGO REGRESO A CASA

La tropa argentina fue embarcada en la flota inglesa y trasladada hasta la isla Ascensión, en medio del Atlántico. Se los trató de forma correcta, pero severa, y allí pudieron apreciar el enorme movimiento de la operación militar británica en esa base de EEUU.

 

“Nos metieron dentro de la bodega del barco donde comíamos y hacíamos nuestras necesidades en tachos que después se sacaban con aparejos y los tirábamos en el mar. Íbamos a buscar la comida cruzando un puente y lo que sí hacían era una acción psicológica porque todo el tiempo nos apuntaban con las armas con el percutor para atrás, ya sea una ametralladora o lo tuvieran, siempre nos tenían así. Y cuando estaban en la compuerta también, o sea que siempre era difícil dormir en esos momentos”, recordó Bravo.

 

Y precisó que “una noche nos llaman a declarar porque había intervenido la Cruz Roja internacional y nos pidiéramos que nos tranquilicemos, que estaríamos bien y nos llevaban a la isla Ascensión, desde donde nos devolverían por Uruguay o Brasil.”.

 

“Creo que en la noche del 12 (de mayo) nos desembarcan en Ascensión, que era una base norteamericana grandísima, todo camuflado, nos sacan en helicópteros y nos llevan directamente al aeropuerto donde nos esperaba un colectivo todo cerrado, podíamos entrever una luz aquí o un avión allá, pero apenas. Nos hacen pasar por a una cabina y nos sacan una foto y nos dan un número, que se anotaba en un libro. Y nos llevan de vuelta a la escalinata de un avión holandés que había sido fletado por la Cruz Roja. Y llegamos al Uruguay el 13 de mayo”.

Vista de Grytviken, en 1982.

“A la Argentina llegamos el 14 de mayo a las 11 de la mañana y subimos al barco donde nos esperaban con comida y gaseosas. Los jefes nos decían ‘muchachos, ustedes cumplieron con una misión’, y que en Malvinas se estaba luchando de forma muy feroz y que ‘estábamos ganando la batalla’”.

 

Al arribar “me fui a la casa de un hermano porque aquí en Santiago, yo figuraba como desaparecido y mi mamá rezaba con un sacerdote que estaba en el pueblo. Después me contó que rezaba todos los días para que aparezca. Mi hermano se encargó de enviar un radiograma donde decía que estaba bien”.

 

Bravo tenía 59 años cuando falleció el 10 de marzo de 2019, en el hospital Italiano de Buenos Aires, tras complicaciones tras el trasplante de riñón que había recibido poco antes. Había nacido en Villa Figueroa, donde fue docente rural en su pueblo y en zonas cercanas durante muchos años. Luego presidió el Centro de ExCombatientes y también la oficina local creada en la provincia.