EditorialAbusos sexuales: un delito infame que se agrava cuando los implicados son docentes

mayo 4, 20225 min

La semana pasada estalló en las redes el escándalo por los abusos y acosos sexuales contra cerca de 30 alumnas de la escuela técnica Nº11, “Independencia”, del barrio Virgen de Guadalupe, en esta Capital.

 

Es un caso que impactó por la cantidad de adolescentes que dieron su testimonio contra unos 6 docentes, uno de los cuales recibió la mayor cantidad de señalamientos.

 

En el Ministerio Público Fiscal se presentaron unas 7 menores para formalizar denuncias penales contra 3 de los docentes indicados en publicaciones de las redes sociales. El más denunciado fue detenido por pedido de una fiscal, que trabajó contrarreloj para reunir pruebas, y en su indagatoria se abstuvo de declarar.

 

Fue una reacción en cadena y aún no terminaron las repercusiones. El caso agitó a toda la comunidad escolar y el Consejo General de Educación debió acudir ante la agitación y se tomaron medidas para contener a las adolescentes, que tienen entre 13 y 16 años.

 

Por la magnitud de víctimas y de responsables señalados la causa no tiene parangón en la historia reciente. Aunque no es la única, aunque en muy pocos casos llegan a tribunales y a un veredicto. Y muchas veces los docentes que se atreven a acompañar las denuncias reciben represalias.

 

No hace mucho, una profesora enfrentó reprimendas de sus autoridades y de sus propios colegas por haber denunciado abusos que se atribuían a otro docente. Una situación que se repite en otros establecimientos, donde algunos depredadores son protegidos por algunos de sus compañeros y por sus superiores.

 

Con el argumento de la afectación de la imagen institucional se busca ocultar graves casos contra menores. Se desoyen los protocolos de intervención que exigen dar cuenta de abusos sexuales ante la justicia. Pero no son pocos los docentes que enfrentan esos obstáculos para salvar a sus alumnos de los ultrajes que sufren.

 

Más de una vez los fiscales han felicitado al personal docente que ganó la confianza de esos estudiantes, los contuvo y los acompañó en el proceso de denuncia. Los talleres de Educación Sexual Integral, aunque escasos, han servido para exteriorizar esos abusos y deberían intensificarse.

 

Las organizaciones de mujeres también acompañaron en no pocas oportunidades a las víctimas. En este caso en particular también se destaca la valentía de los delegados estudiantiles.

 

Ahora las denuncias están en manos de la justicia, que deberá llegar hasta las últimas consecuencias para erradicar el flagelo de los abusos sexuales que se agravan por la condición de docentes de los implicados, que aprovechándose de su condición de autoridad habrían cometido esos delitos infames.