EditorialLa renuncia de Guzmán: un remezón que debe ayudar a fijar un rumbo económico

La dimisión de Guzmán generó una crisis el fin de semana, que fue conjurada por la designación de Batakis. La nueva ministra debe enfrentar numerosos frentes álgidos en una economía afectada por un creciente deterioro que golpea a los más vulnerables.
julio 5, 20227 min

La renuncia del ministro de Economía Martín Guzmán provocó un sismo político en el gobierno de Alberto Fernández, por tratarse de un funcionario clave para el presidente y un hombre de confianza, lo que significará un inexorable golpe de timón para la gestión de cara a 2023. Para eso fue elegida Silvina Batakis como su reemplazante, tras un acuerdo de los máximos referentes de la coalición gobernante.

 

La designación de la funcionaria del área de Provincias, del ministerio del Interior a cargo de Eduardo de Pedro, fue saludada por el gobernador Gerardo Zamora, quien la conoce por las frecuentes visitas de esos funcionarios y porque la economista impulsó el reclamo subnacional contra el fallo de la Corte Suprema que podría devolver fondos a la Ciudad de Buenos Aires, en detrimento del interior.

 

Las internas en el seno del gobierno sentenciaron la salida del economista, discípulo del Premio Nobel Joseph Stigliz, que encontró oposición a sus ideas dentro y fuera de la administración, incluso con reproches de la propia Cristina Fernández de Kirchner a su política con ajustes a los sectores más desprotegidos. Su nombramiento despertó expectativas porque se trataba de un economista que no provenía de las escuelas neoliberales.

 

Stigliz justamente postula como un eje central de la economía norteamericana a la fuerte desigualdad que concentra la riqueza en el 1% de la población, en detrimento del resto, con una estructura legal y burocrática organizada para el beneficio de esa élite, más allá del gobierno de turno. Su análisis se proyecta a escala mundial, con base en abundante estadística.

 

Sin embargo, esas ideas no pudieron concretarse en su gestión, más allá de algunas medidas fiscal progresivas –que apunten a que los sectores más ricos paguen más- como el impuesto extraordinario a las grandes fortunas por la emergencia del Covid -por única vez-; o la segmentación tarifaria de gas y energía eléctrica o sobre la renta inesperada por los precios de los commodities disparados por la invasión de Ucrania.

 

La propia vicepresidenta lo cuestionó al pedirle redistribución de los recursos fiscales que obtuvo, pese a la pandemia, cuyas consecuencias degradaron a los trabajadores y las pequeñas empresas y comercios. Fue en su carta en la que apuntó contra “los funcionarios que no funcionan”. Desde entonces Guzmán quedó signado entre los apuntados por Cristina.

 

Guzmán negocio un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) que el kirchnerismo desaprobó y se negó a acompañar por considerar que implicaba un ajuste. Ahora, las condiciones firmadas parecen poco realistas y Silvina Batakis ya anunció que habrá una revisión de algunas de ellas.

 

La nueva ministra enfrenta varios frentes de incendios en la economía doméstica y con los acreedores externos. La inflación crónica y agravada es el principal tema que deberá atender, seguido de la escasez de reservas, los vencimientos de la deuda y sus renegociaciones, la falta de gasoil, la política cambiaria, entre muchos otros ítems. Corregir esas cuestiones es urgente ante la inminencia de las elecciones de 2023, en las que la oposición procurará sacar ventaja de esas debilidades para retornar al poder.

 

El “mercado” ya recibió a Batakis con un “lunes negro” en el que le marcó la cancha, al provocar una escalada de 41 pesos en un solo día para el dólar libre, que trepó a 280 pesos, mientras los bonos en pesos se deprecian, y el riesgo país volvió a subir. Hará falta un frente político sólido para resistir los embates y poder corregir esos problemas irresueltos, y cada vez más agravados, sin que el costo recaiga sobre los sectores más vulnerables. Batakis ya dio señales en ese sentido.