EspecialesLas mujeres olvidadas del período fundacional de Santiago del Estero y la conquista española

Investigadoras santiagueñas rescatan registros de las mujeres que participaron de ese proceso, tanto de las que acompañaron a los expedicionarios españoles, como a las indígenas y las esclavas africanas que se serían insertadas con posterioridad.
julio 25, 202222 min

Por Eduardo Espeche

 

La profesora e investigadora en Historia, Eugenia Hernández Reimundi, forma parte de un grupo de investigadoras que desentrañan el rol de la mujer en el período fundacional, como parte de una tarea de visibilización que se abre paso en una Historia escrita mayoritariamente desde la perspectiva masculina.

 

Esto se enmarca en una renovación historiográfica que desde hace algunas décadas se concentra en el abordaje de estos grupos subalternos: “Ubicar a las mujeres a las que no se las ha considerado actores principales de la Historia y, aún es más difícil datar sobre todo Siglo XV, XVI y XVII por los escasos documentos que se tiene. El principal análisis que se puede obtener es a través de los cronistas y algunas cartas, testamentos y algunos otros documentos, pero que aparecen escritos en clave masculina”. Esto será revisado con una reinterpretación por parte de historiadoras y de una segmentación de los documentos.

 

Los primeros nombres de mujeres que aparecen en esta etapa datan de las primeras “entradas” exploratorias de los españoles Diego de Almagro y Diego de Rojas, que descendían desde el Perú arrebatado a los Incas hacia el Sur, en busca de tesoros, nuevos territorios y salidas al mar.

“Alén Lascano y Néstor Achaval son principalmente los dos autores que nombrarán en esta segunda entrada a Felipe Gutiérrez, Nicolás Heredia y al hijo adoptivo de Rojas, Francisco de Mendoza. Esos historiadores nombran a Catalina de Enciso y para ello citarán al cronista Diego Fernández, que hace referencia a la entrada de 200 españoles con la corriente conquistadora del Perú. Y mencionan a Enciso, Leonor de Guzmán y Marilopez o María López”. Esos primeros nombre figuran en esos documentos que se encuentran bajo análisis, en los cuales la escritura castellana arcaica es difícil.

 

Enciso era compañera de Felipe Gutiérrez, Guzmán de Hernando Carmona y Marilópez de Nicolás Heredia. “Cuando lo hieren a Diego de Rojas en enfrentamientos con comunidades originarias que se resistían a la dominación española, en la zona de Maquijata, quien lo va a asistir por esta flecha envenenada, según los relatos, será Catalina de Enciso, a quien acusan de envenenar al jefe de la expedición para que pueda asumir su compañero”.

 

Orestes di Lullo señala que ese adelantado “muere como consecuencia de una flecha envenenada en 1543” y destaca “la calumnia contra Catalina de Enciso, a quien se le atribuye haber dado un brebaje a Diego de Rojas para causarle la muerte”. También rescata “la desesperación de todos ante la muerte del jefe y, en especial, de Catalina que mesábase los cabellos llorando enloquecida y diciendo que Dios había de castigar tan grande infamia”. Los tres capitanes que acompañaban a Rojas morirían poco después.

 

“Ante esa situación, Rojas deja como sucesor a su hijo adoptivo, Francisco de Mendoza. Ahí Catalina ya aparece estigmatizada por el relato. Esta segunda entrada no prospera y se vuelven, pero ella se queda en la región del Tucma y tiene una particularidad: sabe escribir, lo que no es un dato menor ya que en esa época las mujeres eran consideradas como menores de edad y era difícil que pudieran acceder a esta educación”, destaca Hernández Reimundi.

 

La licenciada en Historia de la UNSE precisa que en el Archivo Histórico de Asunción hay un documento de una demanda que ella presenta 1596, porque tenía a su servicio una india llamada Francisca, que se rebela. “Los historiadores dicen que Catalina era una mujer que jamás se calló y citan este documento donde ella denuncia este desconocimiento al mando y que esta mujer se había negado a servir a la familia”, añade.

 

“Es importante rescatar que estos españoles venían acompañados por sus mujeres, que no tenían un rol pasivo, todo lo contrario. Leonor de Guzmán y Marilópez se destacarán en grandes luchas, en dos episodios clave y cumplirán el rol de vigilancia, de espías, de pasar información. Es apasionante poder reinterpretar y crear nuevos sentidos sobre cuál fue el rol de la mujer y sobre todo en esta época para poder dar otra mirada sobre el proceso fundacional de Santiago del Estero”, destaca.

 

Hernández Reimundi también enfatizó que un tema poco abordado son las penurias que atravesaban esas primeras expediciones y las mujeres padecían por igual: “El primer problema era el agua, el calor, el frío y, por supuesto, la resistencia de las comunidades originarias. Preparar la expedición, la conquista, la exploración, era muy difícil y penoso. Recordemos que entonces la Corona Española lo que hacía era dar licencias para explorar, pero quienes financiaban era particulares que debían poner de su propio bolsillo y contar con un capital importante. Los primeros años del siglo XVI estas empresas no van a prosperar y se encontrarán con la resistencia. Luego vendrán con la orden de fundar, no sólo explorar”.

 

HALLAZGOS

Hernández Reimundi también destacó un hallazgo reciente en una investigación de la que participan la profesora de Historia María Olivera, Evangelina Isaac, Karina Roldán, Alba Gallo. Se encontró una copia de los documentos coloniales que están en Patrimonio Histórico de la Provincia: “Ahí podemos nombrar a otra de las mujeres que es Catalina de Plasencia, en un documento de 1585, cuyo original se encuentra en el Archivo de Indias. Su caso también demuestra que no ocupan un lugar pasivo, todo lo contrario. Su marido, Juan Gregorio Bazán, muere y ella presenta un documento donde pide que se le reconozcan los servicios prestados por él”.

Eugenia Hernández Reimundi es licenciada en Historia de la UNSE.

La docente señala que se trata de un documento largo y de difícil lectura, aunque tiene el valor inestimable porque este conquistador sería tío o primo de Francisco de Aguirre, a quien se nombra junto a Juan Núñez de Prado. “Ella presenta testigos y hace una petición para que se reconozca a este capital que era hidalgo y de grandes riquezas, que se desarrolla no sólo en Santiago del Estero sino también en Purmamarca, donde él fallece. Luego ella regresa a Santiago con su hija y su yerno y presenta este documento”, precisa.

 

Otro documento interesante pero del siglo XVII, en 1689, es el testamento de doña Francisca de Díaz, que se encuentra en la revista del Archivo de Santiago del Estero (encuadernación Nº2, tomo 8). Es un tema específico de María Olivera que está en proceso de tesis para abordar la negritud en Santiago del Estero.

 

“Esta mujer en su testamento hace referencia a tres esclavas por el valor de 1500 pesos, María, Isabel y Simona. Isabel que está al servicio tiene a Sebastiana, de cuatro años, y en el testamento dice ‘la declaro, por el amor que le he tenido y ser mi voluntad’ darle la carta de libertad a esa niña. Menciona también a otra esclava de 2 años a la que vende al capitán don Antonio de Luna Cárdenas, si no me equivoco. También nombra a las hijas de Simona”, explicó Hernández Reimundi.

La docente resaltó que el grupo étnico más castigado será el de mujeres indígenas: “En este contexto de los grupos subalternos durante el contexto de la dominación española lo que podemos decir es que las indígenas se llevan la peor parte porque van a sufrir la conquista porque fueron humilladas, violadas e infectadas en este proceso. Y también ahí la función que cumplirán en este proceso fundacional es que algunas se van a destacar por ser traductoras, la voceras, o sea mediadoras culturales. Pero sí tienen una condición de sumisión total, más allá de algunos casos en los que son luchadoras”.

 

Pero también resultan afectadas las esclavas negras: “Tenemos documentos sobre cómo las invitan a rebelarse o cómo utilizaban la medicina natural para poder envenenar, escabullirse o liberarse de esta situación de abuso de poder que se cometía contra ellas”, sostuvo la investigadora.

 

“Siempre las mujeres aparecen en esa condición, acusadas, menoscabadas: son hechiceras, brujas y la estigmatización que se hace sobre el género y que hoy se puede hacer una reinterpretación, contextualizar y poder decir por qué se daba esta situaciones. Y también poder rescatar que eran luchadoras, tenemos las primeras educadoras o que se desarrollan y se desempeñan frente al campo de batalla”, esgrimió.

 

En ese sentido, recordó que “los conquistadores llegaban y morían, y quienes estaban en esas batallas eran esas mujeres que tomaban el mando. Por eso la renovación historiográfica, porque muchas veces hemos tenido interpretaciones en clave masculina, y se dan discusiones donde las historiadoras también pueden poner otras aristas y sacar diferentes conclusiones desde nuestra mirada”.

 

La sexualidad aparece como un factor de dominación. “En estas investigaciones que estamos haciendo –explicó- hay algunos ensayos biográficos muy interesantes de 38 mujeres que hace una doctora en Filosofía, Eloísa Gómez Lucena, quien junto a otros historiadores peruanos aborda la sexualidad, la prostitución –término utilizado en esa época, hoy podríamos decir trabajadoras sexuales- lo cual permite hablar de la diferenciación de clases. También se ejercía poder y se establecían estas diferencias entre  trabajadoras sexuales para la élite y ubicaba a otras trabajadoras para otros sectores. Podríamos analizar estos nuevos sentidos y reinterpretación de la Historia sobre la estigmatización de la mujer y en el grado en que las colocaban. Sobre eso también estamos en proceso de investigación”.

 

“Todo parte de ejercer ese poder. No sólo azotarlas físicamente, sino el abuso sexual de las esclavas, con amos que no reconocían ni naturalizaban a sus hijos, es algo fuerte y triste y documentos sobre eso también hay para conocer sobre las condiciones en las que estaban. Las esclavas sufrían el abuso sexual de sus amos, de eso tenemos un montón de representaciones hasta novelas y ensayos”, agregó.

Hernández Reimundi recordó que las mujeres “no eran consideradas sujetos de Derecho, eran tenidas como menores de edad y lo que dispone la Corona Española es que los conquistadores tenían que venir con sus mujeres; en la primera mitad del S.XVI llegarán pocas y algunos historiadores manejan el número de 30, con Cristóbal Colón, y en la segunda parte vendrán más, porque lo que se quería era mantener la pureza de sangre y que no se involucren con los nativos, algo que es imposible”.

 

Por último, reflexionó: “Si analizamos el aspecto social de esa época tenemos a los blancos españoles, las comunidades originarias y después como llegarán los esclavos traídos de África y se dará el mestizaje –zambos, mulatos- que, a su vez, también se mezclarán con los demás grupos étnicos y darán lugar a otros. Por eso hay una disposición de España para que los conquistadores vengan acompañados por sus esposas como obligación, aunque también llevaban mujeres solteras. Pero es algo natural el proceso de mestizaje de los grupos étnicos”.

 

Este trabajo pionero sobre la incidencia de las mujeres en este período avanza con descubrimientos prometedores, que comienzan a echar luz sobre estos grupos subalternos que casi no aparecen en los documentos sobrevivientes y que la historiografía tradicional habitualmente subestimó para concentrarse en los héroes. Si son pocas las españolas que aparecen en esos documentos, es casi imposible recuperar la voz propia de las mujeres sometidas en lo más bajo de la jerarquía colonial, porque sus discursos siempre aparecen mediados por traductores, sin que existan registros propios. Pero es un comienzo, para volver a reflexionar sobre un proceso muy complejo y no cerrado de nuestra historia.